Nuestra historia comienza con algo muy simple: no encontrar zapatos que se ajustaran a las realidades de muchas mujeres chilenas. Empeines altos, pantorrillas distintas, y ballerinas que fueran hermosas sin ser anticuadas. Inspirados en la elegancia atemporal de nuestras abuelas y en los zapatos de charol de la infancia, fundamos un taller de fabricación en Providencia.
Desde entonces, hemos creado zapatos que celebran lo clásico, conversan con el arte y acompañan a mujeres con tallas reales.
Desde el inicio, nuestra misión ha sido dar fuerza a un oficio patrimonial hecho en Chile.